Regaliz: ¿Beneficio o riesgo? Guía de uso seguro

Diana Gamboa 6 de marzo de 2026
Trozo de raíz de regaliz, mostrando sus propiedades medicinales y su textura fibrosa.

Índice

El regaliz es una planta medicinal con una base química muy concreta: contiene compuestos que pueden calmar mucosas irritadas, pero también sustancias que, en exceso, alteran la presión arterial y el equilibrio de potasio. En este artículo explico qué propiedades tienen más sentido, qué usos cuentan con una señal clínica razonable y qué riesgos conviene conocer antes de tomarlo en infusión, extracto o suplemento. La idea es separar la tradición útil de la promesa inflada.

Lo esencial que conviene tener claro antes de usar regaliz

  • La raíz es la parte interesante, pero no todos los productos con sabor a regaliz contienen raíz real ni la misma concentración de compuestos activos.
  • Su mejor terreno son las mucosas: garganta, boca y algunas formulaciones tópicas muestran más sentido práctico que un uso “para todo”.
  • La evidencia digestiva existe, pero es irregular; donde más confianza me inspira es en usos concretos, no como suplemento universal.
  • El principal problema es el exceso: la glicirricina puede favorecer retención de sodio, pérdida de potasio y subida de la presión arterial.
  • La versión desglicirrizinada (DGL) reduce parte de ese riesgo y es la que más me interesa cuando el objetivo es digestivo.
  • Hipertensión, embarazo, riñón, corazón y ciertos fármacos cambian por completo el balance beneficio-riesgo.

Qué contiene el regaliz y por qué no todas sus formas actúan igual

Yo separaría el regaliz en tres capas: la planta, el compuesto activo y el formato comercial. La raíz de Glycyrrhiza glabra es la fuente clásica, pero no todos los preparados conservan la misma cantidad de glicirricina, que es la sustancia responsable de parte del sabor dulce y de gran parte de su comportamiento fisiológico.

Ese detalle importa mucho. Un caramelo con sabor a regaliz no equivale a una infusión de raíz, y un extracto estandarizado tampoco se comporta igual que un producto sin glicirricina. A veces, además, el sabor “tipo regaliz” procede de anís y no de la raíz real, así que yo siempre miro la etiqueta antes de atribuirle propiedades que quizá no tiene.

También conviene conocer un término que aparece bastante en fitoterapia: demulcente, es decir, una sustancia que recubre y suaviza mucosas irritadas. El regaliz encaja mejor ahí que en la idea de “tónico universal”. Con eso claro, tiene sentido ver qué problemas sí puede ayudar a abordar y dónde la evidencia se queda corta.

Las propiedades que hoy tienen más sentido

El NCCIH resume bien el estado de la cuestión: hay estudios en humanos, pero no suficiente evidencia de alta calidad para recomendar el regaliz como solución clara para una dolencia concreta. Aun así, sí hay señales interesantes en contextos muy específicos, sobre todo cuando el objetivo es aliviar una mucosa irritada y no “tratar todo”.

Uso o área Qué se ha observado Mi lectura práctica
Boca y garganta Enjuagues, gárgaras o pastillas con regaliz han mostrado alivio local en algunos estudios. Lo veo útil para molestias puntuales y de corto plazo, no como tratamiento de fondo.
Aftas y pequeñas lesiones orales Algunas soluciones o formulaciones tópicas pueden reducir dolor y tamaño de la lesión. Encaja mejor como apoyo local que como suplemento oral general.
Halitosis Un colutorio con extracto de regaliz podría mejorar el mal aliento y reducir bacterias asociadas. Interesante, pero todavía preliminar. No lo pondría por encima de la higiene oral básica.
Piel Geles tópicos con regaliz han mostrado señales prometedoras en eccema y algunas quemaduras leves. Puede tener sentido en uso tópico y localizado, siempre con prudencia.
Digestión Cuando se usa solo, la evidencia es incierta; en mezclas herbales hay algo más de recorrido en dispepsia funcional. No lo presentaría como un tratamiento digestivo principal.

Mi lectura es simple: donde más sentido encuentro al regaliz es en el alivio local y temporal, no en la promesa de curar una digestión complicada o una inflamación general. Esa diferencia es importante, porque evita confundir una ayuda modesta con un remedio de fondo. La siguiente pregunta lógica es qué formato conviene usar y cómo diferenciar lo útil de lo ornamental.

Raíces de regaliz secas, listas para aprovechar sus múltiples propiedades medicinales y culinarias.

Cómo elegir entre raíz, extracto, DGL y uso tópico

Cuando compro o recomiendo regaliz, yo miro primero la forma farmacéutica. No es lo mismo una infusión, una cápsula, un enjuague bucal o el regaliz desglicirrizinado (DGL), que elimina gran parte del componente problemático.
Formato Cuándo me parece útil Ventaja Cautela
Raíz o infusión Uso puntual para garganta o ritual fitoterapéutico breve. Es la forma más cercana a la planta. La concentración es variable y el uso crónico no me convence.
Extracto o cápsulas Cuando quiero más control sobre la dosis. Más práctico y más fácil de estandarizar. Hay que leer la etiqueta: no todos declaran igual la glicirricina.
DGL Cuando el objetivo es digestivo y quiero bajar el riesgo de hipertensión. Reduce el problema de la glicirricina; la referencia de seguridad disponible apunta a un uso oral de hasta 4 meses. No es un pase libre: sigue siendo una planta activa y conviene revisar composición y origen.
Enjuague o gel tópico Cuando busco efecto local en boca o piel. Actúa donde lo aplicas, sin depender tanto de la absorción oral. Puede irritar la piel o la mucosa si el producto no está bien formulado.
Caramelos o chucherías No los considero una herramienta terapéutica. Sirven como confitería, no como fitoterapia seria. Muchos añaden azúcar, sal o incluso aromas que no proceden de raíz real.

Si el objetivo es garganta o boca, yo prefiero formatos locales y cortos; si el objetivo es digestivo, miraría antes un DGL bien etiquetado que una mezcla opaca de hierbas. Y si el producto solo es un dulce, no le pediría lo que no puede dar. Ahora bien, hay personas para las que el problema no es la forma, sino la propia planta.

Cuándo puede ser una mala idea

El verdadero freno del regaliz no es el mito, sino su fisiología. La glicirricina puede inhibir una enzima renal que ayuda a regular el cortisol, y el resultado práctico se parece a un pseudoaldosteronismo, es decir, a un estado en el que el cuerpo retiene más sodio y agua de la cuenta y pierde potasio con más facilidad. En la práctica, eso puede traducirse en hipertensión, edema, calambres o debilidad muscular.

La AEMPS advierte en una ficha técnica española que el uso prolongado de dosis excesivas, equivalentes a más de 20 g/día de raíz, puede provocar hipertensión, edema, debilidad muscular y, en casos graves, arritmias o incluso paro cardiaco. No hace falta llegar tan lejos para tener problemas: en personas sensibles, incluso cantidades menores pueden dar guerra, sobre todo si la dieta ya es muy salada o si hay medicación de por medio.
  • Hipertensión o antecedentes de presión arterial alta.
  • Enfermedad renal o cardiaca.
  • Embarazo y, por prudencia, lactancia.
  • Tratamiento con diuréticos, corticoides, digoxina o antihipertensivos.
  • Signos de alarma como hinchazón, palpitaciones, calambres, debilidad o cefalea persistente.

Si aparece cualquiera de esos síntomas, yo no seguiría probando el producto “a ver si se pasa”. Ahí la prioridad deja de ser la fitoterapia y pasa a ser revisar el contexto clínico. Con ese filtro, ya se puede hablar de un uso prudente y realista.

Cómo lo usaría yo con criterio

Mi criterio práctico es muy conservador. Si alguien quiere probar regaliz, yo empezaría por una meta concreta, elegiría la forma adecuada y pondría un límite temporal antes de pensar en repetirlo.

  1. Para garganta o boca, usaría un enjuague, gárgaras o una pastilla de uso corto.
  2. Para digestión, preferiría un DGL bien identificado y solo si el producto indica claramente que no contiene glicirricina.
  3. Evitaría los usos diarios prolongados, sobre todo si el envase no especifica el contenido activo.
  4. Si tomo medicación crónica, consultaría antes de empezar, no después.

La regla que mejor funciona aquí es sencilla: cuanto más control tengo sobre la composición y la duración, menos probable es que el regaliz me juegue una mala pasada. Y cuanto más difusa es la fórmula, menos confianza me inspira. Por eso cierro con el criterio que yo aplicaría antes de meterlo en una rutina.

Lo que me parece sensato recordar antes de incorporarlo a tu rutina

Si yo tuviera que resumirlo en una sola frase, diría que el regaliz sí tiene sitio en fitoterapia, pero solo cuando se usa con intención y con límites. Me parece más útil para un apoyo puntual de mucosas que para una suplementación continua, y más sensato en su versión sin glicirricina si el objetivo es digestivo.

  • Úsalo poco, no por inercia.
  • Lee la etiqueta, no solo el reclamo.
  • Vigila la presión arterial, el potasio y la medicación.

Con ese filtro, el regaliz deja de ser una planta “milagrosa” y pasa a lo que realmente es: un recurso fitoterapéutico interesante, pero con margen estrecho entre el beneficio y el exceso.

Preguntas frecuentes

El regaliz es una planta medicinal cuya raíz contiene compuestos que calman mucosas irritadas. Se usa para garganta, boca y, en algunas formulaciones, para problemas digestivos. Su principal compuesto activo es la glicirricina.

El consumo excesivo de regaliz, debido a la glicirricina, puede causar retención de sodio, pérdida de potasio y aumento de la presión arterial. Personas con hipertensión, problemas renales o cardíacos deben evitarlo.

El DGL es una forma de regaliz a la que se le ha eliminado la mayor parte de la glicirricina. Se prefiere para usos digestivos, ya que reduce el riesgo de efectos secundarios como la hipertensión.

Si tomas medicación crónica (diuréticos, corticoides, digoxina o antihipertensivos), es crucial consultar a un médico antes de consumir regaliz. Puede interactuar con ciertos fármacos y alterar su efecto.

Para garganta o boca, usa enjuagues o pastillas de forma puntual. Para digestión, opta por DGL bien identificado. Evita el uso diario prolongado y lee siempre la etiqueta para conocer su composición.

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Autor Diana Gamboa
Diana Gamboa
Soy Diana Gamboa, una apasionada del mundo de la nutrición natural, la suplementación y el biohacking. Durante más de cinco años, he estado inmersa en el análisis de tendencias y la investigación de productos que promueven un estilo de vida saludable. Mi enfoque se centra en desglosar información compleja y presentar datos de manera accesible para que todos puedan comprender y aplicar en su vida diaria. Como experta en contenido especializado, me dedico a explorar las últimas innovaciones en el campo de la nutrición y la salud, siempre con un ojo crítico y un compromiso con la veracidad. Mi misión es proporcionar a los lectores información actualizada y objetiva, ayudándoles a tomar decisiones informadas sobre su bienestar. Estoy aquí para compartir mis conocimientos y experiencias, con la esperanza de inspirar a otros a adoptar un enfoque más consciente y saludable hacia la vida.

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