Una lata de atún puede parecer una solución sencilla para comer proteína durante el embarazo, pero la especie, la cantidad y la conservación importan. Aquí aclaro qué tipos suelen ser compatibles con la gestación, cómo interpretar el mercurio, cuánto tomar y qué precauciones aplicar también con los niños.
La conserva habitual puede formar parte de una dieta variada durante el embarazo
- Sí al atún en conserva habitual, siempre que no sea atún rojo y se consuma con moderación.
- El mercurio no desaparece al enlatarlo, por eso conviene alternar especies.
- Atún claro y listado son las variedades más frecuentes en los supermercados españoles.
- Una lata pequeña suele aportar entre 50 y 80 g escurridos, según el formato.
- El pescado debe aparecer 3 o 4 veces por semana, combinando especies blancas y azules.

¿Se puede comer atún en lata durante el embarazo?
Sí, en general se puede comer atún en conserva durante la gestación. La recomendación española de evitar pescado con mucho mercurio se dirige especialmente al atún rojo, el pez espada o emperador, el tiburón y el lucio, no a todas las latas de atún por igual.
En España, las conservas suelen elaborarse con atún claro o atún listado, especies diferentes del atún rojo y normalmente más pequeñas. La OCU señala que el atún rojo no suele ser el utilizado en las conservas habituales. Por eso, mirar la denominación del producto resulta más útil que quedarse únicamente con la palabra “atún”.
La conserva industrial cerrada ha recibido un tratamiento térmico que la hace estable y segura mientras el envase permanezca intacto. Esto significa que no plantea el mismo problema que el pescado crudo, marinado o ahumado refrigerado. Aun así, el proceso de enlatado no elimina el metilmercurio, de modo que la especie sigue siendo el factor principal.
El mercurio depende de la especie y del tamaño del pescado
El metilmercurio es una forma de mercurio que se acumula sobre todo en peces grandes, longevos y depredadores. Puede atravesar la placenta, por lo que durante el embarazo interesa reducir la exposición repetida sin eliminar el pescado de la dieta, ya que este aporta proteínas, yodo, vitamina B12 y ácidos grasos omega 3.
| Producto | Orientación durante el embarazo | Qué conviene hacer |
|---|---|---|
| Atún rojo fresco o congelado | Evitar | No confundirlo con la conserva habitual. |
| Pez espada, tiburón y lucio | Evitar | Son especies con mayor capacidad de acumular mercurio. |
| Atún claro o listado en conserva | Compatible con moderación | Alternarlo con otros pescados. |
| Bonito del norte o atún blanco en conserva | Consumir con prudencia | Revisar la especie y no convertirlo en la única conserva de la semana. |
| Sardina, boquerón, salmón, caballa pequeña o trucha | Buenas alternativas | Ayudan a diversificar la ingesta de pescado. |
La AESAN recomienda que las embarazadas consuman 3 o 4 raciones semanales de pescado, variando entre especies blancas y azules, y evitando las de alto contenido en mercurio. Para mí, esta es la idea más importante: no se trata de temer una lata aislada, sino de no repetir siempre el mismo pescado.
Cuánto atún en conserva es razonable
No existe una cifra única de latas aplicable a todas las marcas, porque cambian la especie, el tamaño y el peso escurrido. Una lata pequeña puede contener aproximadamente 50-80 g de pescado escurrido, mientras que los formatos grandes superan con facilidad los 100 g.
Como pauta práctica y prudente, una lata pequeña de atún claro o listado una vez por semana puede encajar en una dieta variada. Si un día tomas atún, procura que las demás raciones de pescado sean de especies diferentes, como merluza, sardinas, salmón, trucha o boquerones.
La ración orientativa de pescado fresco suele situarse alrededor de 125-150 g, pero no es necesario llenar ese peso solo con atún en conserva. Una ensalada con una lata pequeña puede ser una comida correcta si se acompaña de verduras, legumbres, patata o pan integral, pero no debería sustituir de forma habitual a todo el pescado semanal.
Si has comido dos latas en pocos días, no significa automáticamente que exista un problema. Mi recomendación sería no añadir más atún durante el resto de la semana, elegir otras especies en las comidas siguientes y comentarlo con la matrona o el médico si el consumo ha sido muy frecuente durante varias semanas.
Cómo elegir una lata más adecuada
Comprueba la especie y el peso escurrido
Busca expresiones como atún listado, skipjack, atún claro o yellowfin. Si la etiqueta indica atún rojo, conviene evitarlo durante el embarazo. El peso neto incluye el líquido de cobertura, así que para calcular la cantidad real de pescado debes fijarte en el peso escurrido.
Prioriza menos sal
La diferencia entre una lata en agua y otra en aceite no está principalmente en el mercurio, sino en la energía, la textura y la cantidad de grasa añadida. Para el consumo habitual, yo elegiría una conserva baja en sal y, si viene en aceite, escurriría parte del líquido. AESAN también recomienda escoger conservas con menos sal.
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No confundas calidad con seguridad
Un precio más alto, una presentación en tarro de cristal o la mención “artesanal” no garantizan menos mercurio. La seguridad depende del control del producto y de la especie utilizada. La etiqueta aporta más información útil que el envase llamativo.
Qué hacer con la lata después de abrirla
Antes de abrirla, comprueba que no esté abombada, oxidada, perforada o con fugas. Si al abrirla desprende un olor extraño, presenta espuma, líquido turbio o un aspecto anormal, no la pruebes ni intentes cocinarla para “arreglarla”. Lo más seguro es desecharla.
Una vez abierta, pasa el contenido sobrante a un recipiente limpio y cerrado, guárdalo en el frigorífico y respeta el plazo indicado por el fabricante. Evito conservar pescado dentro de la lata abierta porque el contacto con el envase puede alterar el sabor y dificulta controlar correctamente la conservación.
También conviene cuidar los acompañamientos. Una ensalada preparada con antelación debe llevar las hortalizas bien lavadas y desinfectadas, y la mayonesa debe ser comercial o estar elaborada con huevo pasteurizado. El riesgo no suele estar en el atún en conserva, sino en una mala manipulación del plato completo.
Qué cambia durante la lactancia y en la infancia
Las recomendaciones sobre especies con alto contenido en mercurio también se aplican a la lactancia y a los niños pequeños. Durante estas etapas deben evitarse el atún rojo, el pez espada, el tiburón y el lucio, mientras que el atún en conserva habitual no se considera automáticamente prohibido.
En los niños, la variedad es todavía más importante. Una lata puede ser práctica, pero suele aportar bastante sal y no debería convertirse en la proteína de todos los bocadillos o cenas. Para los más pequeños, prefiero alternar pescado bajo en mercurio y seguir las cantidades que indique el pediatra, especialmente durante la introducción de la alimentación complementaria.
En la práctica, un menú familiar sencillo puede combinar sardinas o boquerones un día, merluza o trucha otro, y una pequeña cantidad de atún claro en conserva en otra ocasión. Así se aprovechan los nutrientes del pescado sin concentrar la exposición en una sola especie.
La mejor decisión para comer tranquila
Durante el embarazo, una lata ocasional de atún claro o listado, correctamente conservada y dentro de una dieta variada, no necesita convertirse en un motivo de alarma. La estrategia sensata consiste en evitar el atún rojo y otros pescados grandes, revisar la etiqueta, escoger opciones bajas en sal y alternar el atún con pescados pequeños y otras fuentes de proteína.
Si existe una enfermedad previa, una dieta muy repetitiva, un consumo elevado de conservas o una preocupación concreta por exposiciones anteriores, conviene individualizar la pauta con el equipo que lleva el embarazo. La alimentación gestacional no busca perfección en cada comida, sino decisiones seguras y sostenibles mantenidas a lo largo de las semanas.
